El buitre picoteaba los pies de Alfredo. Ya le había desgarrado los zapatos y las medias y ahora le picoteaba los pies. Siempre tiraba un picotazo, volaba en círculos inquietos alrededor y luego proseguía la obra. Pasó un señor, los miró un rato y le preguntó a Alfredo por qué toleraba al buitre.
-Estoy indefenso-dijo Alfredo, vino y empezó a picotearme, yo lo quise espantar y hasta pensé torcerle el pescuezo, pero estos animales son muy fuertes y quería saltarme a la cara. Preferí sacrificar los pies; ahora están casi hechos pedazos.
-No se deje atormentar-dijo el señor-, un tiro y el buitre se acabó.
-¿Le parece?-preguntó Alfredo-, ¿quiere encargarse usted del asunto?
-Encantado-dijo el señor-; no tengo más que ir a casa a buscar el fusil, ¿puede usted esperar media hora más?
-No sé- respondió Alfredo, y por un instante se quedó rígido de dolor; después añadió: -Por favor, pruebe de todos modos.
El buite había escuchado tranquilamente el diálogo y dejó errar la mirada entre el señor y Alfredo; en tanto, voló un poco lejos, retrocedió para lograr el ímpetu necesario y como un atleta que arroja la jabalina encajó el pico en la boca de Alfredo. Al caer el hombre de espaldas, en su sangre, que colmaba todas las profundidades y que inundaba todas las riberas, el buite irreparablemente se ahogaba.
b) Comunidad.
Ellos eran cinco amigos. Una vez salieron, uno tras otro, de una casa. Primero salió uno y se colocó al lado de la puerta de calle; después el segundo salió por la puerta, o, mejor dicho, se deslizó con la misma suavidad con que resbala una gota de mercurio, y se ubicó no lejos del primero; después el tercero; después el cuarto; después el quinto. Finalmente, se pusieron todos en una línea, parados. La atención de la gente empezó entonces a centrarse en ellos, los señalabas y decían: “los cinco acaban de salir de esa casa”.
Desde entonces viven juntos. No entiendo por qué no consideran como una existencia pacífica la llegada de un sexto, como si les resultara fastidioso. ¿Por qué no querer saber de un nuevo integrante? Pese a que no me conocen, no hacen esfuerzo alguno para poder aceptarme. Ellos cinco no se conocían desde antes y hasta llego a pensar que no se conocen tampoco ahora; creo que lo que entre ellos es posible y se admite, también lo puede ser conmigo. Donde entran cinco, pueden entrar claramente seis.
¿Y qué sentido tiene, en definitiva, este permanente estar juntos? Ni siquiera para ellos tiene sentido alguno. Ellos están juntos y pueden aceptar una nueva unión, en razón, precisamente, de sus experiencias.
No puedo entenderlo. Por lo menos alguna explicación lógica para no incluirme dentro de su círculo. Una aclaración ante su irremediable negación. Yo siempre saco trompa tal niño caprichoso, ellos me alejan a los codazos; pero por más que me separen yo seguiré volviendo.
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