domingo, 23 de noviembre de 2014

La última noche-.

Desde que estábamos en la secundaria, jamás lo soporté. Juan era una de esas personas arrogantes y calculadoras pero sobre todas las cosas, era la persona más mentirosa que conocía. Solía contar sobre su familia, por ejemplo, decía que su padre era uno de los principales millonarios del país, su madre era una prestigiosa médica especializada en cardiología, su hermano era abogado con altas calificaciones y asì tantas otras por el estilo. Pero Juan no tenía nada de eso. Su madre había fallecido años atrás, su padre era un simple empleado de una fábrica declarada en quiebra yo encima, era hijo único.
Aunque que no lo veía desde años atrás, siempre recordé a Juan. Hasta esa tarde que lo encontré a la salida de unos de los bares más lujosos de Buenos Aires. Con sus aires de superioridad me clavó su mirada y desconcertado me preguntó si nos conocíamos; le conté brevemente nuestros años compartidos en el colegio pero pareció importarle poco. Su intención era seguir su camino con la voluptuosa rubia que lo acompañaba, pero lo detuve. No sabía si hacía lo correcto pero los invité a cenar a mi casa con la excusa de recordar viejos tiempos y pasar un rato ameno. Mi verdadero objetivo era descubrir por qué era tan mala persona y si había cambiado, por qué lo había hecho. Sorpresivamente para mí, aceptó tras obtener la aprobación de la mujer que iba a su lado.
Todo estaba preparado para la cena, mi mujer se encargó de un menú impecable y yo seleccioné el mejor vino de mi bodega. Sonó el timbre y los recibí con amabilidad en nuestro hogar. Entre copa y copa yo a medida que transcurría la noche, constaté que Juan no había cambiado: era el mismo que en segundo año me había hecho pasar el peor día de mi vida. Mi odio hacia él tenía un por qué, el día de mi cumpleaños, 15 de marzo, había invitado a todos mis compañeros a la fiesta que había preparado con tanta anterioridad, pero él se encargó de arruinarlo avisándole a todos que la fiesta se había cancelado debido a un viaje inesperado. Yo no entendía por qué no llegaban y nunca llegaron…Pese a esto, decidí darle la última oportunidad, pero como debí imaginarme, era la misma persona que había sido durante la secundaria.
Ese hombre se merecía lo peor. Actuando con rapidez, le hice una seña a la empleada doméstica para que sirviera la cena y esa copa de vino tan especial que había preparado para él. Luego del brindis y de beber su vino de un saque, mi invitado cayó desvanecido al piso y pese a la desesperación de la rubia por socorrerlo no había más nada que hacer. Yo me encargué de que así fuera.

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