Constantemente estoy analizando esta situación en mi cabeza, y es algo que aún no he comprendido. Porque, por ahí, yo estoy acá hablando con fulano y no sé si me está escuchando, si se esta haciendo el tonto, si está prestándole atención a otra cosa. Ni siquiera se si esta ahí, porque de un momento a otro se convierte en un ente físico, inmóvil y mudo, del cual espero una respuesta y no recibo ningún estímulo.
Y están en todos lados: en el colectivo, en las plazas, en la calle, en el trabajo y hasta en la misma mesa. No me considero reacio, pero hay cosas que no me entran en la cabeza. ¿Bajo qué motivo uno mira una pantalla que “hace que te comunica” de manera tan permanente y tan recurrente? Me hace acordar, a veces, cuando uno tiene hambre y va y abre la heladera una, dos, tres y hasta cuatro veces esperando que de la nada aparezca algo que nos sacie el apetito.
Ese aparato conocido como celular ya dejó de ser solamente eso. Ahora hay aplicaciones que te marcan un ritmo de vida determinado, redes que te conectan (que es muy diferente que la palabra “comunicar”) con otras personas en otros lados y demás. El ritmo de vida se vuelve automatizado, y esa originalidad que, gracias a la conciencia humana disponemos, queda relegada a un segundo plano, pisada absolutamente por las nuevas tecnologías.
Propongo este ejemplo: Mi amigo y yo, un bar, una mesa contra la ventana, yo hablando y el con el celular en la mano, meta taka taka con la pantalla, contactandose con todo aquel dentro de una red virtual de amistad e intereses, dejando afuera el contexto material de existencia humana que implica esa eventual conversación que estoy teniendo con el.
Entonces, en realidad, me encuentro solo hablando. Y en realidad, no soy yo el que se sumerge en la soledad, sino que, a mi entender, queda solo e inmerso dentro del mundo irreal de la navegación online y de redes sociales, mi amigo que esta mirando una pantalla que parece tener la respuesta a todos sus cuestionamientos.
Esto limita la comunicación material con el otro. Solo lo virtual prevalece aquí. Y siendo nostálgico, vuelvo a donde hablar era face To face y no mediante una aplicación, en donde extrañar era en sentido físico sensorial y no solo virtual, y así muchos mas. Por lo tanto pienso que en realidad estamos cada vez mas alejados entre nosotros, ya que nos vínculos creados no son materiales, sino virtuales.
Llegando a una conclusión un poco general, estamos en un marco post contemporáneo. Así, la comunicación no es comunicación en su rico sentido, sino que es contacto mediado por sistemas robotizados, controlados y limitados. El contacto queda acotado a los limites de las aplicaciones y no a los limites humanos. Siguiendo con esta línea, estamos cada vez mas robots y menos humanos. Por eso, esperamos que de la heladera aparezca una mortadela, en una de las tantas oportunidades que abrimos la puerta de la misma.
Estas personas son entonces fantasmas. Porque hablo con un ente material que se contacta virtualmente a través de su extremidad mas útil que es su celular. Cómo me voy a sentir? Están consumidos por esa necesidad de lo nuevo, producto de la dinámica del cambio en la modernidad.
Así y todo, los veo cada vez menos humanos. Y yo cada vez mas lejos.












