miércoles, 20 de agosto de 2014

La vida de Ana-.

Ana Sergeyevna era una mujer sensible, delicada, acostumbrada a hacerle frente a todos sus problemas. Pero hay uno al que no pudo encontrarle solución: su marido. Si bien éste le llevaba varios años, ella se casó enamorada y dispuesta a formar una familia con él. Todos sus planes se fueron derribando a medida que ella fue comprobando que su esposo, Von Diderits, era un “lacayo”.Ella lo conoció en una de esas reuniones de gente importante. Hija de uno de los hombres más poderosos de Rusia, fue una de las invitadas de honor ante la ausencia de su fallecido padre. Justamente esa noche, un 14 de septiembre, cruzó miradas con ese hombre mayor, claramente se veía esa diferencia de edad, y en contados minutos descubrió que con él quería pasar el resto de sus días. A partir de allí, se vieron algunas veces más y rápidamente se casaron pese a los rumores de la sociedad por la repentina decisión. Más allá de los inexpertos 20 años de la joven, todo marchaba como ella lo había soñado: Von Diderits la complacía en todo y, vista desde afuera, era una pareja sumamente feliz. Pasaban los días y Ana sentía que cada vez estaba más enamorada de su marido.Pero con el tiempo, Ana comenzó a ver cosas raras. Su esposo ya no era el mismo de esos primeros años de matrimonio. Quizás por curiosa o por falta de atractivos en su vida, la mujer quiso conocer más acerca del empleo de Von Diderits. Pese a las cataratas de preguntas por parte de Ana, sus dudas no se develaron. Ella sabía que algo andaba mal pero no podía saber qué era. Y la situación se fue agravando con el pasar de los días hasta que una noche, aprovechando que Von Diderits dormía, Ana se decidió a abrir el maletín de su marido y comprobó lo que tanto temía: era parte de una mafia que no llegó a entender bien de qué se trataba; con lo que había descubierto le era suficiente para marcharse de S. junto a su perro, un pomerania que se había comprado a causa de la inmensa soledad que sentía ante la falta de cariño e interés de su marido. Su destino fue Yalta, la ciudad “triste”, así caracterizada por muchos rusos.
Y fue allí en Yalta donde conoció a un hombre, Dmitri Dmitrich Gurov, que le hizo darse cuenta de que estaba viviendo en una burbuja: su matrimonio era una farsa que ella se había creado ante la falta de afecto que sentía desde la pérdida de su padre. Su historia no era fácil: su madre había fallecido pocos meses después del nacimiento de su única hija y solamente se crió junto a su padre, a quien perdió después de una larga enfermedad cuando Ana tenía 18 años. Quizás esto explica cómo Gurov, también casado pero infeliz por lo que demostraba, le hizo sentir cosas que jamás había experimentado. Ana se enamoró intensamente de ese hombre que vivía en Rusia pero sus destinos parecían no estar sincronizados. Pese a tener las circunstancias en contra, la mujer replanteó su vida y le prometió a su amado una vida a su lado. Ambos decidieron borrar el pasado, reparar el presente y planear un futuro juntos sabiendo que no les esperaban días fáciles.

Wakefield-.

Wakefield es una historia fuera de lo común. Si bien el abandono matrimonial es relativamente usual, este caso es extremadamente raro. El esposo se va de su casa por 20 años y alquila una casa en la cuadra siguiente de la suya. Veinte inviernos tuvieron que soportar su familia y sus amigos, sobretodo su esposa. Tras la resignación de todos, el hombre vuelve a su casa como si nada hubiera pasado y vive sus últimos días feliz junto a los suyos.
Se trata de un relato que nos lleva a diferentes interpretaciones: la sonrisa de la despedida entre Wakefield (así se llama el hombre) y su mujer queda latente en ésta y es lo que la mantiene con la esperanza de que algún día su esposo volverá, mientras que todos la consideraban viuda.
¿Cómo vivió tantos años oculto sin que nadie lo viera? ¿Qué comió? ¿Cómo le hizo frente a la soledad? ¿Por qué lo hizo? ¿Qué pasaba si cuando volvía las cosas no eran como se las esperaba? ¿Pensó regresar desde el primer momento? ¿Hasta dónde quería llegar? ¿Qué iba a responder cuando todos le preguntaran dónde había estado durante esos 20 años? ¿Qué pasó por la mente de un hombre que abandona su vida pero que se muda a una cuadra de su casa? Todos son interrogantes que deja abierta la misteriosa historia de Wakefield.